Fundado en 1993, Pachá empezó siendo otra más de las franquicias del reconocido arquitecto español Ricardo Urgell, quién no solo fundó el boliche de Ibiza, sino que también fue responsable de la creación de casi 90 discotecas más en todo el mundo. Sin embargo, ninguna brilló tanto en esos años como el boliche porteño.

“Cuando abrió en el 93, mi hermano Gonzalo trabajaba en el Pachá de Ibiza, y lo mandaron acá para el mes de apertura… vino él y como 40 personajes que trabajaban allá: bailarines, magos, barmans… todo el staff estuvo un mes a pleno trabajando”, recuerda Carlos Alfonsín, histórico DJ de la escena y uno de los residentes más recordados de los ciclos de Pachá.

A pesar de sus inicios vinculados a la música electrónica, un cambio en los organizadores de las fiestas hizo que a partir de 1996 el pop y otros ritmos empezaran a copar las pistas. Lejos de atraer más público, la decisión de ampliar el espectro musical alejó a los habitués del boliche, que desilusionados cambiaron de lugar para salir.

Tuvo que pasar un año para que la música electrónica recuperara su lugar. Era 1997 y Pachá volvía a su clásico formato de la mano de lo que sería su ciclo más importante: las fiestas Clubland, todos los sábados del mes. “Los residentes éramos Hernán (Cattáneo), yo adentro y (Javier) Zuker en la terraza. Fue la época más famosa de Pachá”, rememora Alfonsín.

Hernán Cattáneo fue uno de los Djs habituales en las noches de Pachá; en esta imagen junto a Steve Lawler

El resto de los sábados, las Clubland brillaban gracias a las residencias de Cattaneo, Alfonsín y Zuker, acompañados ocasionalmente por algunos de los DJs más conocidos del mundo. “Ellos alucinaban con la gente… en el 2000 fuimos elegida como la mejor discoteca fuera de Inglaterra, al año siguiente ya estábamos entre las tres mejores del mundo”, acota Alfonsín.

Ricardo Fort reservaba desde Miami y los DJs “manguereaban” al público: las noches frenéticas de Pachá, el boliche emblema de los 90